jueves, 16 de abril de 2015


Queridos y sabios lectores, un día más me hallo colmado de vida en aras de proseguir con mi ardua labor articulista. Una tarea que he de ejercer con el hermoso objetivo de iluminar las mentes de aquellos que se hallan sumidos en el oscurantismo doctrinal posmoderno. Una sociedad que ha abierto las puertas al nihilismo más atroz, al demonio más veloz. Muchos de ustedes alzarán las manos al cielo tras leer estas primeras palabras de mi breve tratado, mas yo les exhorto a ser pacientes, pues pronto entenderán lo que ahora no pueden. Sin más dilación procederé a exponer el asunto que hoy me concierne: Los Reyes de España y su papel esencial como representantes de "la marca España".

Muchas son las voces críticas que se aventuran a tachar a la casa real española de ser una institución nacional anacrónica que sólo produce gastos y no genera beneficio alguno para el conjunto del país. Aquellos que anhelan la caída de esta institución milenaria, desconocen la verdadera importancia de ésta en las relaciones internacionales. Su Majestad Felipe VI ha sido educado desde la tierna infancia para ser Rey de todos y cada uno de los españoles. Un papel apto sólo para humanos regidos por una estricta y esmerada educación. En artículos precedentes expuse de manera clara y concisa la sublime educación intelectual y militar que ha recibido nuestro actual monarca parlamentario. Si bien es cierto que en los últimos tiempos los escándalos acaecidos en La Casa Real Española no han parado de sucederse, estos no son achacables al tesoro de la familia, el Rey Felipe VI. Un hombre prudente y distinguido que parece seguir la estela loable de su madre, Su Majestad La Reina Madre Sofía.

La institución mediadora se ha visto envuelta en una serie de despropósitos causados por el pérfido y supuesto cleptómano Iñaki Urdangarín, marido de la Infanta de España, Doña Cristina. No obviaremos la infinidad de "inadecuadas actuaciones" llevadas acabo por el Su Majestad, El Rey Emérito, Don Juan Carlos I de Borbón. Sin embargo, en un justo ejercicio de memoria histórica hemos de agradecer eternamente a Don Juan Carlos I sus hermosas pretensiones democráticas que acabaron con el poder absoluto que le fue legado por el general Franco. Un Rey que democratizó España cuando pudo haber retenido en sus manos el absoluto poder ejecutivo, legislativo y judicial. Un acto que cambió la historia de España para siempre. Siendo esto así y no de otra modo, el tiempo discurre y tanto los logros como los fracasos de un humano caen en el olvido. Las críticas fundamentadas sobre imposición monárquica no son baladíes; son una realidad. ¿Acaso los ciudadanos españoles no tienen el legítimo derecho de elegir de forma democrática al jefe del estado? No. Esta circunstancia ya no es plausible en pleno siglo XXI. La soberanía de España reside en su pueblo, no en el Rey, por lo tanto debería haber un referéndum en el cual la ciudadanía escogiera si desea tener un sistema monárquico parlamentario o una república. Felipe, has arribado tarde. Ahora el pueblo decide...

Artículo escrito por Jesús Kuicast.
https://twitter.com/jesuskuicast

1 comentarios:

Anónimo dijo...

interesante reflexión, pero has obviado el punto clave, la lealtad democrática de los partidos políticos de turno... que hubiera pasado si la mayoría parlamentaria hubiera sido de partidos que defienden la República como forma de estado... no cabe pensar que utilizando su mayoría parlamentaria hubieran cambiado la forma del estado sin un previo referendum, así que creo que es una deuda histórica el derecho de que el pueblo se pronuncie sobre ese tema, Referemdum ya¡¡¡