Me siento muy contenta de la rebeldía de mi hijo Noé de cinco años;
de su continuo intento de transgredir las normas; de que ponga en tela de juicio todo lo que le digo;
de sus contundentes noes; de su
imaginación para crear su realidad paralela; de que no encaje en muchos los
convencionalismos tradicionales.
Me produce tranquilidad el conocer esa materia prima como ciudadano
de la vida; ya que son los ingredientes básicos de un espíritu crítico; de un
ser de ideas independientes, difícilmente manipulable, con capacidad para crear
su propia vida, escuchando sus propias necesidades; dilucidando si una
tradición es válida o simplemente nos acomoda en la rutina.
Todo forma parte de su configuración como Ser Humano mediante el
ensayo-error
Y en mi labor como madre-anfitriona en la Tierra le pongo los límites
contundentes que le permiten conocer del respeto a los otros y a sí mismo;
sabiendo que todo va bien en el proceso de ir desplegando sus propias alas.
Mariví

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