sábado, 15 de febrero de 2014


Me siento muy contenta de la rebeldía de mi hijo Noé de cinco años; de su continuo intento de transgredir las normas;  de que ponga en tela de juicio todo lo que le digo;  de sus contundentes noes; de su imaginación para crear su realidad paralela;  de que no encaje en muchos los convencionalismos tradicionales.

Me produce tranquilidad el conocer esa materia prima como ciudadano de la vida; ya que son los ingredientes básicos de un espíritu crítico; de un ser de ideas independientes, difícilmente manipulable, con capacidad para crear su propia vida, escuchando sus propias necesidades; dilucidando si una tradición es válida o simplemente nos acomoda en la rutina.

Todo forma parte de su configuración como Ser Humano mediante el ensayo-error

Y en mi labor como madre-anfitriona en la Tierra le pongo los límites contundentes que le permiten conocer del respeto a los otros y a sí mismo; sabiendo que todo va bien en el proceso de ir desplegando sus propias alas.


Mariví

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