Una
de las fuentes más importante que nos relata esta terrible epidemia
que acabó con un tercio de la población ateniense es Tucídides,
historiador y militar nacido en Atenas, que sufrió la enfermedad y
la superó. Hace una descripción de la epidemia y de la situación
de Atenas durante esta en su libro “Historia de la Guerra del
Peloponeso”. Acaeció la Peste en época de dicha guerra.
Según
Tucídides, la Peste surgió en Etiopía y llegó hasta Egipto y
Libia, avanzó hasta los dominios del rey de Persia y desde allí fue
llevada hasta el Pireo, ciudad portuaria a 20 km de la Acrópolis de
Atenas, conectada a esta por los Muros Largos. La enfermedad llegó a
Atenas en el año 430 a.C. Se expandió con rapidez.
Los
médicos no podían combatir la enfermedad, porque no sabían de qué
se trataba. Era extremadamente contagiosa, por esto cuando reconocían
a los afectados, muchos se contagiaban y morían.
Algunos
de los síntomas eran fiebre altísima, fuerte dolor de cabeza, ojos
enrojecidos e hinchados, garganta inflamada, sangrado de encías,
aliento hediondo, dificultad al respirar, continuos estornudos, voz
ronca, dolor al toser, vómitos, piel amarillenta y amoratada con
pústulas, sensación de calor, insomnio, gran sed, hipos violentos,
convulsiones, e incluso pérdida de la vista y la memoria.
Tras
los nueve días de enfermedad, si el enfermo lograba superarlos,
pasaba a una segunda fase, siendo los síntomas más característicos
expulsión de sangre por la nariz, diarrea, úlceras en el intestino,
aunque si la enfermedad no afectaba al canal intestinal, los fluidos
pestilentes hacían una especie de absorción y se acumulaban en
otras partes del cuerpo: dedos, pulgares del pie, genitales, etc.
Muchas veces, si estas partes se amputaban, el enfermo sanaba.
Era
una enfermedad dolorosa que acababa con el que la sufría por lo
general en una semana, pero quien se curaba quedaba inmunizado contra
la misma.
Las
calles de la ciudad estaban repletas de cadáveres apilados unos
encima de otros y de enfermos que se lanzaban a los pozos para calmar
la sed y el calor. Los atenienses enterraban a sus familiares donde
podían, llegaban al punto de aprovechar las hogueras ajenas para
quemar los cadáveres. Se sustituyó la inhumación por la
incineración.
Como
morían tanto justos como injustos, igual les daba a los ciudadanos
actuar bien que mal. Las riquezas pasaban de unas manos a otras y
eran derrochadas, pues muchos se daban al ocio.
Se
creía entre la población que los dioses eran propicios a Esparta y
contrarios a Atenas en la guerra y por ello el mal no había llegado
a los dominios espartanos. Los atenienses fueron debilitados por la
epidemia, pues murieron más de cuatro mil trescientos hombres de
armas, trescientos jinetes y muchísimos ciudadanos.
Encontramos
otro testimonio con relación a la Peste en la obra “De rerum
natura” de Lucrecio, de carácter etiológico, es decir que busca
una causa a la enfermedad. Este nos da una explicación racional, sin
basarse en mitos.
Creyó
Lucrecio que era el entorno lo que facilitaba la expansión de la
enfermedad, i.e. la tierra, los charcos, las nubes, etc.
Es evidente que la obra “De rerum natura” bebe de la de
Tucídides, “Historia de la Guerra del Peloponeso”, sin embargo
esta segunda no propone ninguna causa para la afección. De hecho
dice Tucídides: “Cada cual, médico o profano, que saque sus
conclusiones sobre el origen de este mal y sobre las causas que cree
que están operando semejante trastorno. Yo, por mi parte, voy a
contar cómo fue y expondré los indicios a partir de los cuales uno
que los examine, en caso de que de nuevo vuelva a atacar, podría
diagnosticarla mejor por contar con una idea previa, al haber estado
yo mismo enfermo y haber visto también a muchos otros padecerlo”.
Mientras que Lucrecio nos dice: “Voy a explicar ahora cuál es la
causa de la enfermedad y el origen de este brote maligno súbito
capaz de esparcir la muerte entre los hombres en masa y entre los
animales a manadas”.
A
día de hoy no se sabe cuál fue exactamente la enfermedad que acabó
con gran parte de la población de Atenas, aunque hay algunas
hipótesis; entre ellas: viruela, tifus exantemático, peste
bubónica, fiebre tifoidea o ébola.
Por
Noelia Bernabeu Torreblanca

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