lunes, 29 de diciembre de 2014


Una de las fuentes más importante que nos relata esta terrible epidemia que acabó con un tercio de la población ateniense es Tucídides, historiador y militar nacido en Atenas, que sufrió la enfermedad y la superó. Hace una descripción de la epidemia y de la situación de Atenas durante esta en su libro “Historia de la Guerra del Peloponeso”. Acaeció la Peste en época de dicha guerra.

Según Tucídides, la Peste surgió en Etiopía y llegó hasta Egipto y Libia, avanzó hasta los dominios del rey de Persia y desde allí fue llevada hasta el Pireo, ciudad portuaria a 20 km de la Acrópolis de Atenas, conectada a esta por los Muros Largos. La enfermedad llegó a Atenas en el año 430 a.C. Se expandió con rapidez.

Los médicos no podían combatir la enfermedad, porque no sabían de qué se trataba. Era extremadamente contagiosa, por esto cuando reconocían a los afectados, muchos se contagiaban y morían.

Algunos de los síntomas eran fiebre altísima, fuerte dolor de cabeza, ojos enrojecidos e hinchados, garganta inflamada, sangrado de encías, aliento hediondo, dificultad al respirar, continuos estornudos, voz ronca, dolor al toser, vómitos, piel amarillenta y amoratada con pústulas, sensación de calor, insomnio, gran sed, hipos violentos, convulsiones, e incluso pérdida de la vista y la memoria.
Tras los nueve días de enfermedad, si el enfermo lograba superarlos, pasaba a una segunda fase, siendo los síntomas más característicos expulsión de sangre por la nariz, diarrea, úlceras en el intestino, aunque si la enfermedad no afectaba al canal intestinal, los fluidos pestilentes hacían una especie de absorción y se acumulaban en otras partes del cuerpo: dedos, pulgares del pie, genitales, etc. Muchas veces, si estas partes se amputaban, el enfermo sanaba.
Era una enfermedad dolorosa que acababa con el que la sufría por lo general en una semana, pero quien se curaba quedaba inmunizado contra la misma.

Las calles de la ciudad estaban repletas de cadáveres apilados unos encima de otros y de enfermos que se lanzaban a los pozos para calmar la sed y el calor. Los atenienses enterraban a sus familiares donde podían, llegaban al punto de aprovechar las hogueras ajenas para quemar los cadáveres. Se sustituyó la inhumación por la incineración.

Como morían tanto justos como injustos, igual les daba a los ciudadanos actuar bien que mal. Las riquezas pasaban de unas manos a otras y eran derrochadas, pues muchos se daban al ocio.

Se creía entre la población que los dioses eran propicios a Esparta y contrarios a Atenas en la guerra y por ello el mal no había llegado a los dominios espartanos. Los atenienses fueron debilitados por la epidemia, pues murieron más de cuatro mil trescientos hombres de armas, trescientos jinetes y muchísimos ciudadanos.


Encontramos otro testimonio con relación a la Peste en la obra “De rerum natura” de Lucrecio, de carácter etiológico, es decir que busca una causa a la enfermedad. Este nos da una explicación racional, sin basarse en mitos.
Creyó Lucrecio que era el entorno lo que facilitaba la expansión de la enfermedad, i.e. la tierra, los charcos, las nubes, etc.

Es evidente que la obra “De rerum natura” bebe de la de Tucídides, “Historia de la Guerra del Peloponeso”, sin embargo esta segunda no propone ninguna causa para la afección. De hecho dice Tucídides: “Cada cual, médico o profano, que saque sus conclusiones sobre el origen de este mal y sobre las causas que cree que están operando semejante trastorno. Yo, por mi parte, voy a contar cómo fue y expondré los indicios a partir de los cuales uno que los examine, en caso de que de nuevo vuelva a atacar, podría diagnosticarla mejor por contar con una idea previa, al haber estado yo mismo enfermo y haber visto también a muchos otros padecerlo”. Mientras que Lucrecio nos dice: “Voy a explicar ahora cuál es la causa de la enfermedad y el origen de este brote maligno súbito capaz de esparcir la muerte entre los hombres en masa y entre los animales a manadas”.

A día de hoy no se sabe cuál fue exactamente la enfermedad que acabó con gran parte de la población de Atenas, aunque hay algunas hipótesis; entre ellas: viruela, tifus exantemático, peste bubónica, fiebre tifoidea o ébola.


Por Noelia Bernabeu Torreblanca

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