domingo, 6 de abril de 2014

Qué difícil es encontrar monárquicos hoy en día. En los últimos años, cada vez más españoles se están posicionando a favor de instaurar en España una república. El debate está en la calle, y son muchos los argumentos que los republicanos exponen a favor de sus pretensiones.

Lo cierto es que Casa Real ha facilitado a sus opositores la labor de desgaste. Las accidentadas excursiones del Rey o los trapicheos de Iñaki Urdangarín y la Infanta han generado cierto malestar entre la población, situando a la institución en el ojo del huracán. Es en este punto donde los republicanos sacan sus argumentos a relucir. Como resumen, podríamos decir que su planteamiento está estructurado en torno al aspecto económico, democrático y social de la cuestión, siendo siempre una cosa parecida a esta:

“Una sociedad moderna no puede permitirse tener una institución medieval como la monarquía. El Rey no ha sido elegido por nosotros. Este es un país democrático, y sin embargo, tenemos un Jefe de Estado vitalicio, con privilegios y al que además hay que mantener con dinero público. No podemos permitir que se sigan gastando tantos millones de euros en este señor y en su familia. Es la hora de exigir la Tercera República”

Una vez conocida la postura republicana, es el momento de que el monárquico pueda rebatir estos razonamientos.

Comencemos por el apartado económico, el más sencillo de contrarrestar. La Casa Real tiene un presupuesto asignado de 7,77 millones de euros, dejando al margen las partidas que cubre el Ministerio del Interior. Si echamos el ojo al coste de las Jefaturas de Estado de algunos de nuestros vecinos europeos, observamos no solo como la española es la monarquía más austera, sino también como es infinitamente más barata que repúblicas como la francesa (103 millones), la alemana (28,7 millones) o la italiana (casi 200 millones).

La cuestión democrática tiene mucho más fondo teórico. Puedo entender a aquellos que consideran que la monarquía es contraria a la naturaleza democrática por el hecho de no ser electiva. El problema es que, en ocasiones, parte de la izquierda esconde bajo este concepto un complejo basado en el desprecio a la supuesta clase antagónica, al estilo obrero – empresario. Más allá de esto, me interesa tratar la relación entre democracia y monarquía en España. Hay que tener en cuenta que, en su momento, el Rey si fue elegido. Cuando los españoles votaron a favor la Constitución de 1978, aceptaron su contenido al completo, incluyendo la transformación de España en una monarquía parlamentaria. Por tanto, el Rey no fue designado por Franco, como algunos dicen, sino por la amplia mayoría de los españoles. Cierto que muchos no votamos en ese referéndum, y quizá por ello se exige poder elegir de nuevo entre monarquía y república.

En mi opinión, una monarquía debe ser una institución trasparente, seria y ejemplar, cuyo máximo responsable represente de manera adecuada a todos los españoles. Cierto que hay cosas que Casa Real debe corregir, pero estoy seguro de que en España podemos tener una monarquía que cumpla con todos estos requisitos fundamentales. Más allá de la institución, no debemos obviar la labor personal. Juan Carlos I fue el impulsor del sistema democrático actual. Con el reciente fallecimiento de Adolfo Suárez, se ha recordado que él estuvo ahí en la transición, y que jugó un papel fundamental. Además, no hay que olvidar que históricamente España ha sido un país monárquico. A lo largo de los siglos se sucedieron buenas y malas etapas, pero en definitiva es una institución que forma parte de nuestra tradición y cultura política.

La figura del monarca representa el consenso. Es un cargo que no se elige cada cuatro años, que es de por vida, y por eso mismo es un símbolo de consenso. Los españoles otorgamos la Jefatura de Estado a una persona a la que entregamos nuestra confianza más allá de ideologías, ideas o creencias, al margen del tiempo y con el fin de que defienda a España y sea un ejemplo y un orgullo para los españoles. Esto es lo más importante. Esto es por lo que siempre defenderé la monarquía. Asumo ser un monárquico en tiempos revueltos.
Solo quiero hacer una última petición a aquellos que hayan perdido la confianza en la institución, en Juan Carlos o simplemente sean republicanos convencidos: dadle una oportunidad a Felipe.


Artículo escrito por Adrián Nicolás Doblas

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