Qué difícil es encontrar monárquicos hoy en día. En
los últimos años, cada vez más españoles se están posicionando a favor de
instaurar en España una república. El debate está en la calle, y son muchos los
argumentos que los republicanos exponen a favor de sus pretensiones.
Lo cierto es que Casa Real ha facilitado a sus
opositores la labor de desgaste. Las accidentadas excursiones del Rey o los
trapicheos de Iñaki Urdangarín y la Infanta han generado cierto malestar entre
la población, situando a la institución en el ojo del huracán. Es en este punto
donde los republicanos sacan sus argumentos a relucir. Como resumen, podríamos
decir que su planteamiento está estructurado en torno al aspecto económico,
democrático y social de la cuestión, siendo siempre una cosa parecida a esta:
“Una sociedad moderna no puede permitirse tener una
institución medieval como la monarquía. El Rey no ha sido elegido por nosotros.
Este es un país democrático, y sin embargo, tenemos un Jefe de Estado
vitalicio, con privilegios y al que además hay que mantener con dinero público.
No podemos permitir que se sigan gastando tantos millones de euros en este
señor y en su familia. Es la hora de exigir la Tercera República”
Una vez conocida la postura republicana, es el
momento de que el monárquico pueda rebatir estos razonamientos.
Comencemos por el apartado económico, el más
sencillo de contrarrestar. La Casa Real tiene un presupuesto asignado de 7,77
millones de euros, dejando al margen las partidas que cubre el Ministerio del
Interior. Si echamos el ojo al coste de las Jefaturas de Estado de algunos de
nuestros vecinos europeos, observamos no solo como la española es la monarquía
más austera, sino también como es infinitamente más barata que repúblicas como
la francesa (103 millones), la alemana (28,7 millones) o la italiana (casi 200
millones).
La cuestión democrática tiene mucho más fondo
teórico. Puedo entender a aquellos que consideran que la monarquía es contraria
a la naturaleza democrática por el hecho de no ser electiva. El problema es
que, en ocasiones, parte de la izquierda esconde bajo este concepto un complejo
basado en el desprecio a la supuesta clase antagónica, al estilo obrero – empresario.
Más allá de esto, me interesa tratar la relación entre democracia y monarquía
en España. Hay que tener en cuenta que, en su momento, el Rey si fue elegido. Cuando
los españoles votaron a favor la Constitución de 1978, aceptaron su contenido
al completo, incluyendo la transformación de España en una monarquía
parlamentaria. Por tanto, el Rey no fue designado por Franco, como algunos
dicen, sino por la amplia mayoría de los españoles. Cierto que muchos no
votamos en ese referéndum, y quizá por ello se exige poder elegir de nuevo
entre monarquía y república.
En mi opinión, una monarquía debe ser una
institución trasparente, seria y ejemplar, cuyo máximo responsable represente
de manera adecuada a todos los españoles. Cierto que hay cosas que Casa Real
debe corregir, pero estoy seguro de que en España podemos tener una monarquía
que cumpla con todos estos requisitos fundamentales. Más allá de la
institución, no debemos obviar la labor personal. Juan Carlos I fue el impulsor
del sistema democrático actual. Con el reciente fallecimiento de Adolfo Suárez,
se ha recordado que él estuvo ahí en la transición, y que jugó un papel
fundamental. Además, no hay que olvidar que históricamente España ha sido un
país monárquico. A lo largo de los siglos se sucedieron buenas y malas etapas,
pero en definitiva es una institución que forma parte de nuestra tradición y
cultura política.
La figura del monarca representa el consenso. Es un
cargo que no se elige cada cuatro años, que es de por vida, y por eso mismo es
un símbolo de consenso. Los españoles otorgamos la Jefatura de Estado a una
persona a la que entregamos nuestra confianza más allá de ideologías, ideas o
creencias, al margen del tiempo y con el fin de que defienda a España y sea un
ejemplo y un orgullo para los españoles. Esto es lo más importante. Esto es por
lo que siempre defenderé la monarquía. Asumo ser un monárquico en tiempos
revueltos.
Solo quiero hacer una última petición a aquellos que
hayan perdido la confianza en la institución, en Juan Carlos o simplemente sean
republicanos convencidos: dadle una oportunidad a Felipe.
Artículo escrito por Adrián Nicolás Doblas

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