La vida política española se encuentra en una situación de
volatilidad que nunca se había vivido en democracia. Con el bipartidismo
PP-PSOE precipitándose al vacío, nuevos partidos comienzan a aflorar y a ganar
adeptos, amparados por sus promesas de cambio y regeneración. Dentro de este
proceso de crecimiento exponencial de las nuevas formaciones, encontramos un
caso peculiar: UPyD.
Cuando los dos grandes partidos de este país comenzaron a
mostrar sus primeros síntomas de enfermedad, allá por el 2008, la formación
liderada por Rosa Díez se presentó como una alternativa a la decadencia que se
atisbaba. A base de trabajo y con el paso de las citas electorales, fueron
logrando más y más representación institucional, hasta conseguir sentar a cinco
de sus miembros en el Congreso de los Diputados tras las elecciones de 2011, en
las que obtuvieron más de un millón de votos. A priori, lo tenían todo para ser
una alternativa real a PP y PSOE (un programa atractivo para el centro y el
centro-izquierda con aspectos que podían captar al centro-derecha,
representación institucional que les daba mayor visibilidad, dirigentes
conocidos…) pero muchos factores parecen haberse vuelto en su contra.
En los últimos tres años, PP y PSOE han perdido gran parte
de su crédito y los votantes les están dando la espalda en busca de otras
alternativas. Sin embargo, no ha sido UPyD el partido beneficiado por esta
desbandada. La pregunta es, ¿por qué? A mí se me ocurren 4 razones:
1-Rosa Díez: el liderazgo del partido está marcado por la
rigidez. Rosa Díez se empeña en ser la presidenta omnipresente y omnipotente, y
quizás esté bloqueando a otras personas más interesantes para representar los
intereses de UPyD. Ella no es una cara nueva y al votante le cuesta
identificarla con la regeneración política que se persigue.
2-Su posición en el centro: en política, siempre se ha dicho
que los partidos que se mantienen cerca del centro del espectro político son
los que acaban triunfando, ya que aspiran a atraer a un mayor número de
electores. Pero lo cierto es que a UPyD no le ha funcionado bien. La percepción
general es que cuesta identificar cual es la tendencia del partido, lo que
provoca cierta inseguridad en el votante, que opta por no respaldar a quien no
parece tener una idea clara de lo que es.
3-El auge populista: la aparición de Podemos ha acentuado
esa tendencia del ciudadano a buscar partidos que prometan todo lo que quiere
escuchar, en lugar de partidos que hagan propuestas serias y realistas. En este
aspecto, UPyD y otros partidos moderados han encontrado un escollo difícil de
salvar.
4-Presencia más prolongada: el hecho de que UPyD lleve algo
más de tiempo en la escena política, es decir, que no sea una formación que
haya empezado a sonar fuerte recientemente, puede haberle restado tirón de cara
al votante. Se trata de una cuestión de psicología de voto. El ciudadano va
buscando aire fresco, opciones distintas a las que hay en el sistema, y como el
nombre de UPyD ya le suena y lo identifica con la composición política actual,
tiende a apoyar a otros partidos más “frescos”.
Que UPyD sea capaz de avanzar tras el frenazo que ha sufrido
se antoja complicado. Ciudadanos cada vez les resta más simpatizantes y la
tendencia continúa constante a solo unos meses de las elecciones. Veremos si el
partido es capaz de reaccionar.
Artículo escrito por Adrián Nicolás Doblas.

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